El fenómeno de la globalización ha debilitado la función de las instancias gubernamentales y ha acrecentado el poder de las corporaciones transnacionales que han establecido una economía en su exclusivo beneficio. La sociedad civil sufre los efectos nocivos de este poder y reclama entonces no solo una reforma de instituciones públicas sino, con su participación, su entera refundación. Y exige distinguir los intereses sociales propios de una multiplicidad de mociones autogestivas de la gente misma y en pro de su bienestar, para priorizarlos por encima de los intereses estrictamente privados de las sociedades anónimas, basados en la acumulación de capital. Experimentamos una eclosión con la emergencia de miles de protestas, quejas, presiones, tanto en el campo como en la ciudad, de gente que masivamente ha perdido la paciencia y no espera más, sino exige al gobierno condiciones más generalizadas y justas de trabajo, ingreso, progreso. Lo logramos constructiva y concertadamente o predominará el caos y peores formas de violencia.

Hay varios lugares comunes en que casi todo mundo estaría de acuerdo:

Hay que enfatizar el mercado interno sin descartar otros mercados.

Hay que reforzar a las PYMES.

Hay que proporcionar microcréditos, asistencia técnica, comercialización, etc. Hay que crear cadenas productivas.

Hay que priorizar el campo y aspirar a menor dependencia alimentaria del exterior.

Hay que respetar el medio ambiente y cuidar nuestras especies genéticas.

Hay que ayudar a los más pobres, sin clientelismo ni sectorización.

Pero lo que más está haciendo falta es un enfoque sistémico que considere conjuntos económicos interrelacionados en red y que procesen todas las etapas productivas y distributivas a partir de la gran diversidad y creatividad del trabajo humano así como de las necesidades básicas y aspiraciones más legítimas de la población. Estamos organizados desde afuera, nos han atomizado, sectorizado y dividido, con una máquina aspiradora que se lleva una riqueza significada en números. De ahí que hace falta repensar la integridad económica, donde se conjuguen el trabajo, la producción, la comercialización, el consumo, la población necesitada, y muy importante, la acreditación (crédito), la articulación entre lo pequeño y lo grande (mesoeconomía) así como la producción más compleja (cadenas de insumos).

La economía actual requiere un cambio sustancial en sus paradigmas y políticas. Tenemos que ver no solo el corto plazo sino el largo plazo y procurar fórmulas verdaderamente sostenibles y no solo coyunturales o dependientes de fuerzas del exterior. Se precisa transformar estructuras disfuncionales con prácticas sistémicas, holísticas e integradoras. Trabajar en base a la abundancia de recursos humanos y no la escasez de capital. Valorar a toda la población, como sujeto y no solo como objeto, con su trabajo y sus necesidades más legítimas, sin masificar ni anonimizar. Capacitar y movilizar su potencial productivo y crear los mercados propios que propicien el intercambio y consumo de los productos y servicios resultado de su trabajo creador. Superar las visiones maquinistas del trabajo, abordar lo técnico científico y en especial rescatar lo cultural y lo ecológico. Dar énfasis a lo local sobre lo internacional, las necesidades básicas sobre las superfluas y la redistribución de recursos sobre su concentración.

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Desde hace treinta años se expande en el mundo la conciencia emergente, en especial desde instancias de la sociedad civil, de que toda la economía que padecemos está viciada de raíz porque histórica y legalmente se ha dejado a los bancos privados e inmensamente lucrativos, hoy prácticamente transnacionales, la emisión y el manejo de su circulante, fenómeno que a lo largo de siglos ha llegado hoy a una situación totalmente insostenible. La plaga de la inflación, la usura, la especulación, los paraísos fiscales, resulta por sus efectos devastadores y totalizantes tan criminal como la explotación laboral, el narcotráfico o la guerra. Muy pocas personas se dan cuenta de que los bancos prestan y lucran con dinero creado de la nada.

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La sociedad restaura sus medios propios de intercambio y crédito. Don, redistribución, trueque, multitrueque y dinero social.

Necesitamos renovar los principios morales del desarrollo, hacia una ética que acentúe la dignidad de toda persona humana así como la importancia de la comunidad, la convivencia y la solidaridad, alcanzando un bienestar general con el esfuerzo de todos y no solo la ganancia de unos cuantos para el privilegio de unos cuantos. Durante décadas la sociedad civil, mejor dicho orgánica, ha experimentado luchas por un bienestar basado no en el paradigma de la ganancia sino en el paradigma de la generosidad y el compartir, tenemos múltiples casos luchando por un bienestar basado en el trabajo y la autogestión antes que en los dictados del capital y el dinero.

http://base.socioeco.org/docs/doc-7196_es.pdf