Eduardo Navarro realiza su primera residencia en el barrio de Santa María La Ribera, interesándose de manera especial en los procesos de aprendizaje de una escuela para ciegos, así como en las máquinas que se encuentran en el lugar y que se utilizan para traspasar textos en braille. Gran parte del trabajo de este artista argentino parte de la disciplina escultórica y sobre todo, de los desdoblamientos que ésta puede tener en otras situaciones y contextos aparentemente ajenos a ella. En los últimos años, la investigación sobre temas relacionados a los estados físicos y emocionales de personas con facultades y formas de percepción diferentes han provocado que Navarro se involucre en dinámicas de coparticipación con diversas comunidades, vinculando la experiencia artística con gestos sensoriales específicos de aprehensión y conocimiento del mundo.