Eduardo Navarro realiza su primera residencia en el barrio de Santa María La Ribera, interesándose de manera especial en los procesos de aprendizaje de una escuela para ciegos, así como en las máquinas que se encuentran en el lugar y que se utilizan para traspasar textos en braille. Gran parte del trabajo de este artista argentino parte de la disciplina escultórica y sobre todo, de los desdoblamientos que ésta puede tener en otras situaciones y contextos aparentemente ajenos a ella. En los últimos años, la investigación sobre temas relacionados a los estados físicos y emocionales de personas con facultades y formas de percepción diferentes han provocado que Navarro se involucre en dinámicas de coparticipación con diversas comunidades, vinculando la experiencia artística con gestos sensoriales específicos de aprehensión y conocimiento del mundo.

Proceso

2016

IMG_20170117_125519Durante su segunda y tercera estancia en la Santa María, Eduardo Navarro colabora muy de cerca con Ian, un especialista en sabores y además masajista invidente, a quien conoció en el Comité Internacional Pro-Ciegos ubicado en el barrio. Navarro junto con Ian trabajan en concebir una experiencia para videntes e invidentes, en donde se involucrarán aspectos de visualización introspectiva, a través del sabor y el tacto.