La infraestructura crea hábitos. Los hábitos en una sociedad marcan en gran medida su ritmo de desarrollo. El siglo XXI nos exige replantear nuestros hábitos. Podemos ver con claridad que aquellos heredados del siglo pasado no son amigables con el entorno natural. En el caso de nuestras ciudades, un hábito fue construirlas para facilitar el tránsito del automóvil convirtiendo a nuestra sociedad y su movilidad en dependiente de esa máquina. Hoy las ciudades del mundo están buscando formas de cambiar ese hábito; integran políticas territoriales, cambian de paradigma en la construcción de la infraestructura y generan acciones que crean entendimiento y cambios en la población.

En este sentido, el 7 de marzo pasado la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano anunció una Política Nacional de Movilidad Sustentable, la cual tiene entre sus objetivos que las personas usen medios de transporte colectivo moderno, digno y seguro y que vivan en la proximidad de su empleo a fin de reducir el costo en tiempo y dinero. A la SEDATU le corresponde realizar  de manera oportuna y eficaz las expropiaciones necesarias para que se realicen obras de infraestructura, liberar los derechos de vía e informó que ya realiza trabajo técnico en varios proyectos para la construcción o ampliación de carreteras en el país ya que tiene como objeto principal el territorio y lo que se construye sobre él.

Al día siguiente, 8 de marzo, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes anuncia un paquete carretero de 14 compromisos presidenciales. De esas 14 obras, 3 corresponden a segundos pisos en zonas urbanas o interurbanas. Usan diferentes términos para nombrarlos pero es fácil identificarlos. En el periódico Reforma de ese día se enlistan las diferentes obras del paquete y entre ellas se identifica la ampliación a ocho carriles de la carretera federal México-Toluca, segundo piso; el paso express de Cuernavaca y el segundo piso de la autopista México-Puebla.

Queda claro que hay una necesidad de mover las mercancías y a las personas entre las ciudades y otra dentro de las ciudades. Sin embargo, infraestructura, territorio y sociedad crean un conjunto indisoluble. Las soluciones que hagamos en un punto inciden en el sistema completo. Entonces bien ¿Qué sistemas urbanos estamos diseñando?

Mientras nuestro país anuncia esto, en Estados Unidos el New York Times publica el 10 de marzo que en 2013 se alcanzó la cifra record de usuarios de transporte público desde 1956 con 10.59 billones de viajes realizados. El país del automóvil particular transforma su adicción y usa como solución al transporte público. Las ciudades medias americanas son las que aprovechan este cambio de conducta al momento de decidir cómo desplazarnos para transformar su movilidad y su estructura urbana.

Hace lógica el financiar el transporte desde lo local porque hay beneficio directo. Sorprende conocer que gran parte de las inversiones en esas ciudades medias se financian con impuestos locales aprobados por los electores. A nivel nacional, los contribuyentes americanos están cada vez mas de acuerdo en aceptar impuestos cuyo destino sea la expansión de la red de transporte público y la mejora del servicio en sus ciudades. En los dos últimos años, el 70 por ciento de las iniciativas de impuestos locales para financiar proyectos de transporte público han sido aceptadas por los contribuyentes.

Un caso notorio es Denver, Colorado, ciudad de 2.8 millones de personas, en donde en 2004 los contribuyentes locales aceptaron un aumento del 0.4% impuesto a las ventas locales para destinarlo al proyecto FasTracks que consiste de 122 millas de tren ligero, 18 millas de corredor de transporte público tipo BRT, aumentar en un 100% las instalaciones para park-and-ride, y la mejora de la estación central de la ciudad, todo a completarse en 2016.  La ciudad de Denver está cambiando sus planes para acercar vivienda y empleo a las líneas de transporte.

Este cambio en Estados Unidos es muy significativo porque habla de un cambio de conducta profundo. Hay evidencia de que los cambios recientes en la tendencia de consumo en cuanto a la movilidad vienen de un nivel de urbanización alto, una población que crece a ritmos más lentos, y de importantes preocupaciones por la salud pública y el medio ambiente.

En resumen, vemos que en el vecino del norte, la otrora nación del automóvil, muchas personas prefieren conducir menos y entonces caminar, usar la bici o el transporte público, cuando éstas opciones se ofrecen con calidad.

Texto extraído de: http://www.arquine.com/en/blog/como-queremos-mover-a-mexico/