(en Appadurai, Mulder, et. al. TransUrbanism. 2002. V2_Publishing/NAI Publishers, Roterdam. (pp 32-47) (Selección)

Arjen Mulder: En La Modernidad Desbordada, defines “localidad” no como una estructura espacial sino como una estructura de sentimiento, y mencionas una “tecnología general para la producción

de localidad”. ¿Cómo puede ser producida en un mundo globalizado esta estructura de sentimiento, esta localidad?

Arjun Appadurai: El ímpetu detrás de lo que llamo la producción de localidad fue, en primer lugar, proveer un contrapunto a la idea prevaleciente en la antropología de principios de los 1990s: que lo local es como un lienzo inerte sobre el cual fuerzas globales o de otro tipo producen cambios. Esta noción conduce a todos los contrastes entre lo local y lo global que subyacen a la mayoría de las confusiones y distorsiones en la manera en que analizamos la globalización. Quería descolocar la idea de lo local como algo dado y dirigir la atención al hecho de que cualquier forma de vida social requiere agencia, propósito, visión, diseño. Lo local es un proceso y un proyecto más que otra cosa.

El segundo punto fue desespacializar lo local, y tomar una distancia inicial a la idea de escala y de entendimientos escalares sobre la localidad y la globalidad. Hace seis años que el libro apareció, y ahora he pensado más sobre estos temas. Todavía pienso en el tema de las escalas múltiples, así como en el tema relacionado de las escalas y formas –formas social, formas espaciales- y en ningún sentido es nimio, pero no debemos empezar con ninguna idea mecánica sobre las escalas, ni reducir el problema de lo local y lo global a una cuestión de escala. Hablo de lo local como estructura de sentimiento –una frase que retomo de Raymond Williams- para tratar de ligeramente desmantelarla.

El último punto en esta aproximación a la localidad se conecta con el énfasis que hago en La Modernidad Desbordada, y en mi trabajo subsecuente, en la idea de la imaginación como práctica social. Este es el punto en el que quisiera enfocarme ahora. En el libro, describo la imaginación como algo más que un tipo de facultad individual, y como algo que no es un mecanismo de escape de la realidad. Es en realidad una herramienta colectiva para la transformación de lo real, para la creación de horizontes múltiples de posibilidad. La producción de la localidad es tanto un trabajo de imaginación como un trabajo de construcción social.

Por supuesto la localidad tiene una dimensión espacial, una dimensión escalar y una dimensión material así como un modo de dimensión encarnada, pero quisiera infundir esto con la idea de que en el mundo en que vivimos, la imaginación puede en efecto alcanzar múltiples escalas, espacios, formas y posibilidades. Esto puede entonces convertirse en parte de la caja de herramientas con la cual la estructura de sentimiento puede ser producida localmente. La localidad al final, puede tener que ver todavía con escala y lugar, y con el cuerpo (sin esto, pierde todo significado); pero con la diferencia de que los horizontes de la globalidad, a través de los medios y del trabajo de la imaginación y migración, pueden volverse parte del material a través del cual, grupos específicos de actores pueden visualizar, proyectar, diseñar y producir, cualquier sentimiento local que ellos deseen. Por supuesto, estoy hablando aquí del sentido más liberador de la producción de localidad. Hay otras producciones de localidad que son mucho más confinadas y confinantes, pero aquí estoy tratando de enfatizar lo global como una forma de expansión del horizonte de lo local.

AM: Un aspecto fascinante de tu noción de localidad es que las ciudades han dejado de ser una localidad sino un complejo de localidades. Esto representa un problema difícil para los urbanistas: ¿cómo planear una ciudad que no es homogénea sino que se conforma de todo tipo de grupos que quieren su propia localidad de algún modo producido o reproducido?

AA: Sabemos dos o tres cosas que están pasando en este contexto. Primero que nada, sabemos por casi todas las medidas existentes, que la población mundial se está mudando a ciudades en una proporción extraordinaria. También sabemos que muchas de estas ciudades serán mega-ciudades –no va a haber cientos de ciudades más pequeñas sino un menor número de ciudades muy grandes. Y en tercer lugar, sabemos que estas ciudades serán, en gran medida, sitios de desigualdades dramáticas. Estas tres cosas, en las que casi todos coinciden, están dentro de las probabilidades no negociables de los siguientes treinta años. Por supuesto no estamos en una caja de acero, por lo que hay posibilidades de intervenir; tanto en el número como en la naturaleza y el tamaño de las ciudades. La gente involucrada con aspectos de vivienda, diseño, arquitectos progresistas y otros están pensando seriamente en como no decir simplemente: “Bueno, esto va a suceder, y que se puede hacer?” y darse por vencidos. Pero la fuerza está ahí. El hecho de que casi la mitad de la población estará viviendo en estas ciudades enormes es una realidad que estará entre los dos o tres hechos sociales de la primera mitad de este siglo.

Entonces, la pregunta de cómo imaginar ciudades como sitio para la estructura de sentimiento es un reto, tanto conceptual como epistemológicamente, y también en términos prácticos de planeación, diseño y forma urbanos. Sería una completa fantasía prensar en un único diseño para ciudades como Bombay o Manila, una fantasía del tipo de las que desafortunadamente aún dominan mucho la planeación urbana. Al mismo tiempo, activistas, arquitectos, planeadores, académicos correctamente no quieren abrir un libre mercado y decir: “Bueno, diseñaremos algo, y después el siguiente vecino puede hacer lo que quiera”. Estamos atrapados entre el descenso de la aproximación estatal y un ascenso de una aproximación de libre mercado. Pienso que el principio de una aproximación a este problema es no cosificar la idea de que las ciudades son colecciones de subculturas y multiculturas; cada una de ellas necesita sus propias formas y expresiones y de cierta forma sus propios espacios. En tales casos, esperamos que éstas sean seguras y benignas, pues en realidad resultan ser ciudades europeas, sea por diseño o por accidente. En Estocolmo, por ejemplo, gente de origen no-sueco vive en suburbios de clase trabajadora solamente destinados a migrantes no-suecos. Aún cuando ésta aproximación funciona muy bien y no existe conflicto, mi sensación es que esta no es la forma adecuada de actuar, porque siempre carga con cierto elemento de ghetto, que no es consistente con las pluralidades, intersecciones, cruces y tráficos que el mundo moderno es capaz de producir. En mi opinión, deberíamos cambiar nuestro énfasis fundamental en los flujos, en vez de en los espacios y estructuras.

Son estos tráficos los que inventan nuevas, inmensas y complejas ciudades; y la forma de leer estas ciudades es similar al modo en que trato de leer el mundo como un espacio globalizado. Si entendemos la globalización como flujos, flujos de mensajes mediados y flujos de gente real, sería una idea pertinente pensar como espacios globales a ciudades en expansión como la Ciudad de México, Bombay, Manila, Lagos (la lista es larga), así como ciudades del Atlántico Norte, que están creciendo en un ritmo acelerado. Incluso en términos de infraestructura como electricidad, aguas residuales, etc, todas las ciudades consisten en movimiento, flujo y transporte, más que en asentamiento. Esta aproximación no pone tanta atención en construcciones, ni organizaciones de los vecindarios, tampoco en los desarrollos inmobiliarios, colonias, o parques industriales; en otras palabras: pedazos de espacio vivido. En seguida te pone en contacto con el sistema circulatorio o el sistema nervioso de la ciudad como objeto de planeación y diseño.

Esto es difícil, de cualquier manera, porque requiere un compromiso con retos no solo relacionados con la imaginación arquitectónica, sino también con la imaginación geográfica, la imaginación de los urbanistas y también la de los científicos, porque te tienes que desprender de la distinción de lo que uno podría llamar “espacio sedimentado” o “espacio de tráfico”. El espacio sedimentado es el objeto de las especialidades; incluso en las ciencias sociales la investigación es mucho más sencilla una vez que una población se ha precipitado o sedimentado. Pero observar el sistema circulatorio a través del cual están en movimiento las formas, los cuerpos, las identidades, lo material y las infraestructuras, desde la electricidad, hasta los coches, caminos, servicios postales, etc.; para después volver a formas locales más seguras, es tarea difícil.

Insisto, no deberíamos ir demasiado lejos con esta imagen circulatoria basada en flujos, porque especialmente si tomas el punto de vista de los pobres urbanos, de los más pobres de los pobres; con quienes he estado trabajando los últimos tres años y por lo tanto estoy consciente de que para ellos algo como la tenencia segura, aún cuando se trate de diez pies de tierra, es absolutamente central. Por decirlo de alguna manera, hablar de movimiento, flujos, conexiones, parece un poco remoto para ellos. Pero si hablas con los más pobres de los pobres en una ciudad como Bombay, ellos son extremadamente sensibles a la cuestión de los trenes, del movimiento a los trabajos, a no ser reubicados en áreas que les hagan desplazarse diez millas para poder trabajar. No es que ellos sean indiferentes a movimientos o tráficos o cuerpos o energías, o electricidad, pues ellos saben sobre estos aspectos. Pero debido a que han sido víctimas de movilizaciones no libres, y han sido desplazados de un lugar a otro, ellos tienen una inversión distinta en los lugares, sitios y técnicas de estabilidad. Quieren una construcción, un piso, un cuarto. Quieren derechos completos.

El mayor movimiento en la vivienda urbana hoy en día es la campaña global que ha sido llamada “tenencia segura”. No importa donde estés, aún cuando vives bajo un poste de alumbrado, necesitas el derecho para decir: “Este es mi lugar, no puedo ser expulsado de aquí”. Existen derechos para propietarios, pero los urbanos pobres son vistos básicamente como materia flotante, y están buscando reivindicar su reclamo humano por la estabilidad. Esto nos regresa a tu pregunta previa: aún en un mundo globalizado, no debemos ignorar que la gente necesita puntos de referencia. Si vas a un mundo urbano, es muy importante tomar la imagen circulatoria, pero negociarla con la realidad con los más pobres de los pobres: la movilidad en si misma no es la clave, pues la movilidad para ellos frecuente mente ha sido una pesadilla. Así que el reto central para el mundo que estamos creando es como combinar estas dos cosas.