La mayoría de las propuestas utópicas fallan en mantener simultáneamente en mente, espacio y sociedad. Hay fantasías arquitectónicas –como las de Soleri, Le Corbusier y Fuller- que gozan las complejidades de la forma del entorno. Aunque creativas, desafiantes, a veces brillantes al discutir el marco físico, siguen aceptando la sociedad tal cual es, y simplemente le dan una nueva casa. Y cualquier sociedad muy probablemente se podría volver incluso más autocrática frente al manejo de estas estructuras gigantescas y complicadas. De hecho, esta debe ser una de las intenciones subconscientes de estos sueños.

La utopía social clásica, por otro lado, preocupada por crear una nueva estructura social (o con mayor frecuencia, recreando un sustituto), solo esbozará algunos rasgos desconectados del entorno espacial. Los fragmentos agregan color y apariencia a la realidad, o bien demuestran la convicción de que las formas físicas, como todas las otras cosas subordinadas, vienen automáticamente de la organización social. El patrón de las relaciones sociales está lejos del principal determinante de la calidad de la vida. Por lo tanto, es apenas sorprendente, que sus propuestas espaciales sean tan banales y convencionales como lo son los pensamientos de los arquitectos sobre la sociedad.

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Nadie puede fácilmente resolver este gran extrañamiento. Es difícil desdoblar una visión coherente de una nueva sociedad deseable en un nuevo mundo deseable. Intentaremos algo más: mostrar como algunos rasgos utópicos del espacio pueden ser generados al pensar como la gente se relaciona con sus entornos, en lugar de una fantasía técnica auto-absorbida, o como una consecuencia mecánica de una prescripción social. Hay valores que pueden florecer de la relación de la gente con las cosas, así como de las relaciones entre las personas. Esto no niega la importancia de valores socialmente generados, pero simplemente desplaza la atención a un aspecto tradicionalmente ignorado. Preguntar cual de los dos es más importante es peor que preguntar por la preferencia entre el helado y las bicicletas. Es como preguntar qué es más útil, si las ruedas o los marcos de las bicicletas.

Mientas las utopías literarias tradicionalmente niegan o malentienden la influencia del marco espacial; los esfuerzos por construir utopías en la realidad no cometen tal error o pronto son forzadas a corregirlo. No solo han encontrado que las preguntas sobre el marco tienen que ser confrontadas si la sociedad ha de tener una existencia real. También han descubierto que el marco puede ser usado para avanzar en sus objetivos utópicos, y que incluso puede generar sus propios objetivos. Así que tales esfuerzos conscientemente diseñan el marco comunal para elevar la identidad comunitaria, para promover la interacción social, para fomentar la participación creativa, para expresar el balance entre el individuo y el colectivo, el vínculo entre la producción y el consumo, o la alternancia entre disciplina y la euforia.

Fiel a su herencia, los críticos sociales de la utopía apenas han notado este uso consciente del espacio para fines utópicos; pero estudios recientes lo han hecho bastante evidente. El marco espacial no solo demarca los límites de nuestras acciones. También es la fuente de satisfacciones positivas: los placeres de creación y mantenimiento, delicias sensuales, el gozo de las relaciones íntimas hacia cosas fuera de nosotros mismos. Pregunta a alguien cómo quisiera vivir y la respuesta está usualmente llena de detalles espaciales.

El entorno espacial no solamente está compuesto de objetos físicos inertes y permanentes; sino que incluye plantas y animales, eventos, la presencia de actividad humana, así como la temporalidad de todas estas cosas, las transformaciones cotidianas, los cambios de estación, la progresión de la historia. Esto es el entorno espacial en un sentido amplio. Más aún, cuando intentamos analizar sus implicaciones humanas, encontramos que tenemos que incluir aquellas actitudes humanas e instituciones que están directamente conectadas con el entorno –formas de controlarlo, mantenerlo, cambiarlo o darle significado- la propiedad de la tierra, la alabanza a la naturaleza o modos aceptados de comportarse en el lugar. Los críticos ahora objetarán que de nuevo hemos pasado de contrabando a la sociedad. Así lo hemos hecho, no podemos evitarlo. Nuestro tema entonces es la implicación del patrón espacial y temporal del entorno físico, incluyendo como es usado y manejado y que significa para sus usuarios. Empezando como es costumbre con unas cuantas generalidades, trataremos de ilustrar estas posibilidades esbozando una utopía de lugar.

Texto completo en:  www.edra.org/sites/…/EDRA06-Lynch-27-46.pdf